Se acerca el día de los fieles difuntos o fiesta de los muertos. Días para recordar a las personas que fallecieron. Queridos, no querid@s, familiares, amig@s, compañeros de vida. Es tiempo de revivir momentos con esa persona y las experiencias que sucedieron alrededor de la muerte. Algunas muy dolorosas, no aceptadas, llenas de sufrimiento y tristeza y otras en cambio llenas de recuerdos agradables y de agradecimiento por lo vivido.
La muerte y mi dolor.
La muerte y mi sufrimiento.
El dolor ante la muerte forma parte de una experiencia natural, normal, dolorosa y necesaria para transitarlo. Y no siempre estamos dispuestos o preparados para atravesar esa experiencia o ese duelo. A veces es necesario que pase el tiempo, a veces necesitamos otro duelo para acumular experiencias y poder así pedir ayuda (no siempre sabemos) y afrontar la pérdida. Son tantas las pérdidas en la vida que tarde o temprano volvemos a tocar con ese dolor (a taparlo rápidamente, sea como sea, con más o menos conciencia).
El sufrimiento es la carga que no descarga, que no transita. Se queda alojada la experiencia sin evolucionar. Es como un disco rayado en la cabeza, una y otra vez, enfadado, triste, lo que sea pero sin resolver. El sufrimiento trae dolor de cabeza, rumiación y pérdida de la vida. Requiere tiempo y energía.
En cambio el dolor hace que puedas evolucionar en tus sensaciones con lo vivido, tocar todas las emociones (las fases de duelo: shock, negación, ira, depresión y aceptación) y al final del túnel, después de traspasar un dolor grande, poder volver a vivir. Que se dice pronto, eso de volver a sentirse vivo y con aceptación a lo pasado.
A veces esto lo da el tiempo, la compañía, el amor de la familia y amigos. Otras lo da el pasear, los pájaros por la mañana, escuchar música, escribir etc., comprender que la vida sigue. Todo para que tu pérdida pertenezca a una experiencia más de la vida.
¿Cómo es tu dolor y tu sufrimiento?


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